(Por Nuria Suárez Hernández Portavoz de Recortes Cero) El bombardeo, la intervención militar y el secuestro del presidente de Venezuela y su esposa, por parte de Estados Unidos, son una agresión injustificable a la política de un país soberano. En estos momentos es clave que todas las personas y fuerzas democráticas nos unamos en su condena, con autonomía de las críticas o diferencias que se tengan con el gobierno de Nicolás Maduro.

Los hechos sucedidos suponen un paso más en la escalada que está llevando adelante la administración norteamericana, desde la llegada de Trump al gobierno. En pocos meses hemos asistido a su colaboración con el genocidio ejecutado por Netanyahu en Gaza, al apoyo a los planes de Putin para anexionarse territorio ucraniano, al bombardeo de Irán, a su descarada insistencia en anexionarse Groenlandia, además de otras actuaciones que vulneran por completo los derechos humanos como las deportaciones masivas de inmigrantes hispanos.

Esta política imperialista no es ajena a nuestro país. Nos afecta como miembros de la Unión Europea, sistemáticamente atacada, ninguneada y despreciada por parte de Donald Trump apoyándose en las fuerzas de extrema derecha. En las últimas semanas ha amenazado a España abiertamente en varias ocasiones, por la resistencia del gobierno a aceptar la inversión de un 5% en rearme. Además de su injerencia interna en nuestra política a través de partidos vasallos como VOX y sectores del PP.

Lo ocurrido en Caracas es una vuelta de tuerca que no podemos dejar pasar. Bombardear y secuestrar al presidente y su mujer, es un ataque inaudito contra la soberanía nacional de Venezuela. Esta actuación, además de intereses muy materiales como el petróleo venezolano, busca establecer que Estados Unidos puede intervenir en un país soberano y hacer y deshacer, sin ni siquiera disimular. Es un salto en su estrategia de intentar imponer una dictadura mundial. Para ello necesita deslegitimar la legalidad internacional, degradar sus instituciones y desautorizar a sus cortes penales, atreviéndose a juzgar a Maduro en tribunales estadounidenses.

Que su agresividad no nos confunda ni nos arredre. La realidad es que, tras esta línea, se esconde el ocaso del imperio norteamericano. En las últimas décadas Estados Unidos no ha hecho más que perder peso, no sólo económico, sino político y diplomático en el mundo. Su economía que llegó a suponer un 50% del PIB global tras la 2ª guerra mundial, en los últimos años se acerca al 25%. Hoy el mundo es otro. Muchos y diversos países son independientes o luchan por serlo, en todos los continentes. Cuando EEUU intervino Panamá y secuestró a Noriega, muy pocas voces se alzaron para denunciarlo, hoy ya son muchas las que lo condenan, a destacar el comunicado firmado por Brasil, México, Colombia, Chile, Uruguay y España.

Pero, aunque debemos tener conciencia de que la actual agresividad de la Casa Blanca es fruto de su debilidad y no de su fortaleza, la política desarrollada por Trump es muy peligrosa. En los meses que lleva en el poder hemos tenido ya demasiados ejemplos. No es un provocador, ni un loco, actúa de acuerdo a un plan y una estrategia diseñada para recuperar terreno perdido, utilizando la fuerza.

Cuando una potencia imperialista actúa, como ahora Estados Unidos, es decisivo que todas las personas y organizaciones demócratas y amantes de la paz nos unamos. Es el momento de actuar defendiendo la legalidad internacional para resguardar la paz, la soberanía y la integridad territorial de los países. Es un error restarle importancia a la línea de actuación de Trump porque tenga formas histriónicas, y aún peor es mirar hacia otro lado. Defender la libertad y la soberanía de Palestina, Ucrania, y hoy la de Venezuela, es defender la soberanía y la libertad de todos los países y pueblos del mundo.

Nuria Suárez Hernández Portavoz de Recortes Cero