Si últimamente ha escuchado a sus hijos o nietos decir que alguien acaba de ganar 50.000 puntos de aura y ha pensado que hablaban de un videojuego, tranquilo. “Farmear aura” es una de las expresiones del momento entre los jóvenes. La sorpresa llega cuando uno entiende de qué va y descubre que quienes crecimos entre casetes, VHS, televisores a golpes y bolígrafos Bic llevamos media vida compitiendo en aura sin que nadie nos llevara la clasificación.
Hay un momento inevitable en la vida.
Un adolescente dice una frase delante de ti.
Conoces todas las palabras.
Habla castellano.
No parece estar bajo los efectos de ninguna sustancia.
Y, sin embargo, no tienes ni puñetera idea de lo que acaba de decir.
Después de cringe, random, bro, NPC, POV y otras expresiones que algunos hemos ido incorporando a nuestro diccionario con mayor o menor dignidad, llega una nueva:
Farmear aura.
—¿Farmear qué?
Aura.
Y no. No estamos hablando de energías, chakras, piedras de cuarzo ni de Mercurio retrógrado.
La cosa es bastante más divertida.
¿Qué demonios significa «farmear aura»?
Farmear procede del lenguaje de los videojuegos. Básicamente consiste en realizar acciones para ir acumulando recursos, experiencia, objetos o puntos.
El aura de esta nueva jerga es una especie de marcador imaginario de carisma, presencia, seguridad y capacidad para quedar como un auténtico fenómeno delante de los demás.
Haces algo extraordinariamente bien y, sobre todo, aparentas que no te ha costado ningún esfuerzo:
+10.000 de aura.
Intentas hacerlo para impresionar, sale mal y todo el mundo se da cuenta:
−25.000.
No existe un Banco Central del Aura ni una comisión internacional que establezca las puntuaciones.
Los puntos son imaginarios.
Y ahí está precisamente la gracia.
Los chavales lo han bautizado; nosotros pusimos las pruebas
Cuando uno entiende el concepto empieza a recordar.
Y descubre algo maravilloso:
los que crecimos en los años 70 y 80 llevamos toda la vida farmeando aura.
Solo que nosotros no teníamos TikTok para certificarlo.
Nuestro campeonato comenzaba muy pronto.
El casete: primera división del aura
Año 1985.
Tu cinta favorita se engancha en el radiocasete.
La sacas cuidadosamente.
Hay medio metro de cinta magnética fuera.
Coges un bolígrafo Bic, introduces el extremo en uno de los carretes, giras lentamente y consigues devolverla a su sitio.
La metes.
Suena.
+100.000 DE AURA.
Pero los verdaderos profesionales conocían una categoría superior.
La cinta se había partido.
Había que abrir el casete.
Cortar.
Unir con un minúsculo trozo de celo.
Volver a montar.
Y rezar.
Si después de aquello volvía a sonar Dire Straits, Mecano, Pink Floyd, Hombres G o quien correspondiera…
+1.000.000 DE AURA.
Aquello no era una reparación.
Era microcirugía analógica.
El Campeonato Nacional de Aura de nuestra generación
Ahora que conocemos las reglas podemos reconstruir por fin una competición que comenzó en nuestra infancia y que todavía continúa.
| Prueba | Resultado | Aura |
|---|---|---|
| 📼 Casete enganchado | Sacar la cinta, rebobinarla con un Bic y que vuelva a sonar | +100.000 |
| 📼 Cirugía de casete | Cortar, unir con celo y recuperar la grabación | +1.000.000 |
| 📺 Televisor | Darle dos golpes y recuperar la imagen | +300.000 |
| 📺 Televisor II | Darle otro golpe y cargártelo definitivamente | −750.000 |
| 📡 Antena | Gritar «¡AHÍ, AHÍ, NO LA MUEVAS!» y conseguir imagen perfecta | +50.000 |
| 📼 VHS | Programarlo para grabar una película mientras no estabas en casa | +500.000 |
| 📼 VHS II | Grabar encima de la comunión del niño | −5.000.000 |
| 💾 Disquete | Sacarlo, soplarlo, volverlo a meter y que funcione | +40.000 |
| 💿 CD/DVD | Meterlo correctamente a la primera | +1.000 |
| 💿 CD/DVD II | Meterlo al revés y esperar mirando la pantalla | −15.000 |
| 🔌 USB | Acertar a la primera | +1.000.000 |
| 🔌 USB tradicional | No entra, girarlo, tampoco entra, volver a la posición inicial y ahora sí | Indulto generacional |
| 📱 Protector del móvil | Colocarlo sin una sola burbuja | +750.000 |
| 🧺 Lavadora | Prepararlo absolutamente todo y olvidar pulsar START | −400.000 |
| ☕ Cafetera | Hacer el café y descubrir que olvidaste poner la taza | −300.000 |
| 🚗 Aparcamiento | Entrar a la primera con gente mirando | +150.000 |
| 🚗 Aparcamiento II | Decir «ahí entro de sobra» y necesitar nueve maniobras | −350.000 |
| 🔧 Bricolaje | Desmontar, reparar y montar sin que sobre un tornillo | +500.000 |
| 🔧 Bricolaje II | Sobrar tres piezas y decir «eso viene de más» | −75.000 |
| 🛜 Internet | Apagar y encender el router y solucionar el problema | +30.000 |
| 📺 Mando | Golpearlo contra la palma y conseguir seis meses más de pilas | +80.000 |
El USB merece una categoría propia
Pocas experiencias han conseguido hermanar tanto a varias generaciones como intentar conectar un USB tradicional.
Primer intento.
No entra.
Lo giras.
Segundo intento.
Tampoco entra.
Lo vuelves a girar exactamente a la posición del primer intento.
Entra.
Y entonces miras el ordenador durante unos segundos.
Porque sabes perfectamente que ese puerto USB acaba de tomarte por gilipollas.
No hay otra explicación científica satisfactoria.
Por ello, el Comité Internacional del Aura concede en estos casos indulto automático.
No se pierden puntos.
Hemos sufrido bastante.
Y llegó la edad adulta…
El problema es que la competición no terminó cuando desaparecieron los casetes.
Simplemente cambiaron las disciplinas.
Preparas la lavadora.
Ropa.
Detergente.
Suavizante.
Programa.
Temperatura.
Todo perfecto.
Te marchas.
Dos horas después regresas dispuesto a tender.
Silencio.
La ropa continúa exactamente donde estaba.
No habías pulsado START.
−400.000 de aura.
Pero hay una modalidad todavía más dolorosa.
Esperar delante de un electrodoméstico pensando:
—Esto hoy tarda muchísimo.
Y descubrir que ni siquiera lo habías encendido.
En ese momento no pierdes puntos.
El sistema simplemente pregunta:
«¿Desea usted revisar su fecha de nacimiento?»
El aura informática es extremadamente peligrosa
Hay una disciplina en la que se pueden conseguir enormes cantidades de aura en muy pocos segundos.
Pero también perderlas.
Alguien te enseña un ordenador que no arranca.
Lo observas durante diez segundos.
—Eso es la fuente de alimentación.
Cambias la fuente.
Arranca.
+500.000 DE AURA.
Pero cuidado.
Dices:
—Eso es la fuente.
Cinco personas mirando.
Cambias la fuente.
Sigue sin funcionar.
−600.000.
Y si inmediatamente dices:
—Pues entonces es la placa.
Otros −50.000 por intento fraudulento de recuperación de aura.
Las reglas son duras.
El cuñado: nuestro primer profesional
Mucho antes de TikTok ya existía en España un individuo capaz de acumular cantidades industriales de aura.
El cuñado.
Estás intentando aparcar.
Él observa.
—Déjame.
No dice nada más.
Se sube.
Una maniobra.
Dos.
Aparcado.
Baja.
Te entrega las llaves.
+750.000 de aura.
Pero el aura del cuñado es extremadamente volátil.
Si después de decir «déjame» necesita siete maniobras y acaba subiendo una rueda al bordillo:
−900.000.
Si además añade:
—Es que este coche gira muy poco.
−100.000 adicionales por excusa no solicitada.
Nuestros premios oficiales del Aura
Ahora podemos establecer finalmente las categorías que nunca tuvimos:
| Puntuación acumulada | Distinción |
|---|---|
| 0 – 10.000 | 🥉 Aura doméstica básica |
| 10.001 – 100.000 | 🥈 Manitas del barrio |
| 100.001 – 500.000 | 🥇 Cuñado certificado |
| 500.001 – 1 millón | 🏆 Maestro del Bic y el casete |
| 1 – 5 millones | 👑 Señor del VHS |
| 5 – 10 millones | ⚡ Gran Maestro del USB |
| +10 millones | 🌌 Superviviente analógico-digital |
¿Y cómo hemos terminado en las «batallas de aura»?
Internet hizo lo que mejor sabe hacer: llevar el concepto al extremo.
El aura farming se ha convertido en fenómeno viral y una de sus imágenes internacionales más conocidas fue la del joven indonesio que bailaba con absoluta tranquilidad sobre una embarcación durante la tradicional competición Pacu Jalur.
Mientras decenas de personas remaban, él parecía estar viviendo en otra dimensión.
Internet decidió que aquello era farmear aura a escala industrial.
Y después llegó el siguiente nivel:
las batallas de aura.
La idea ha empezado a saltar de las redes sociales a encuentros presenciales: dos participantes frente a frente utilizando gestos, poses, movimientos, bailes y memes para demostrar quién tiene más aura.
No se pegan.
No necesitan romper nada.
No gana quien hace más daño.
Básicamente gana quien consigue molar más haciendo el tonto.
Y, sinceramente…
Pues qué quieren que les diga: a mí esta moda me gusta
Probablemente aquí correspondería escribir aquello de:
«Estos jóvenes de ahora…»
Pues no.
No esta vez.
¿Es una tontería?
Claro.
Maravillosamente.
Pero cada generación necesita tener derecho a sus propias tonterías.
Nosotros hicimos air guitar con escobas.
Bailamos delante del espejo.
Llevábamos radiocasetes enormes a la calle.
Grabábamos cintas para intentar conquistar a alguien y dedicábamos horas a decidir qué canción iba en tercer lugar porque aquello era importantísimo.
Nuestros padres seguramente nos miraban pensando exactamente lo mismo que algunos adultos piensan ahora al ver una batalla de aura.
Y puestos a elegir…
Entre chavales reuniéndose para hacer poses, bailar, reírse, grabarse y decidir quién ha conseguido +500.000 puntos imaginarios…
o jóvenes entreteniéndose con vandalismo, destrozos, violencia, humillaciones y algunas de las estupideces que periódicamente aparecen convertidas en retos…
servidor se queda con el aura.
Sin ninguna duda.
Que bailen.
Que hagan el tonto.
Que compitan.
Que se rían.
Y si además una moda nacida delante de una pantalla consigue que algunos terminen quedando físicamente con sus amigos en una plaza, tampoco parece el peor negocio del mundo.
Al final no somos tan diferentes
Quizá dentro de unos años nadie recuerde qué significaba farmear aura.
Pero la conducta sobrevivirá.
Porque probablemente llevamos siglos haciéndolo.
Nuestro abuelo farmeaba aura arreglando el motor del coche.
Nuestro padre encendiendo la chimenea con un solo fósforo.
Nosotros reparando una cinta con un Bic.
Y nuestros hijos haciendo una pose delante del móvil.
Han cambiado las herramientas.
La humanidad sigue siendo aproximadamente la misma.
Así que la próxima vez que vea a dos chavales frente a frente haciendo movimientos incomprensibles mientras alrededor veinte amigos gritan…
No se preocupe.
Probablemente están celebrando una batalla de aura.
Y si uno termina, se da media vuelta y se marcha lentamente sin mirar atrás:
+500.000.
Si veinte segundos después vuelve porque se ha dejado el móvil:
−750.000.
Las reglas son las reglas.
Y ahora que por fin hemos comprendido el juego, solo queda una conclusión:
Los chavales inventaron los puntos. Nosotros pusimos las pruebas.
Y algunos llevamos farmeando aura desde que aprendimos a rebobinar un casete con un Bic.
Sin TikTok.
Sin seguidores.
Y, lo que tiene todavía más mérito…
sin tutorial de YouTube. 😂












