En TikTok, Instagram y diversas comunidades digitales juveniles se repite una escena cada vez más visible: adolescentes con máscaras de lobo, colas artificiales y movimientos que imitan a animales salvajes. Se definen como therians y aseguran identificarse espiritualmente —o incluso psicológicamente— como un animal no humano.
Pero ¿qué significa realmente ser therian?
¿Existe base biológica que lo respalde?
¿Estamos ante una moda viral o ante un fenómeno psicológico más complejo?
Desde una perspectiva científica, analizamos el fenómeno con datos y contexto histórico.
¿Qué es exactamente un therian?
El término procede de therianthropy (del griego thērion, bestia, y anthrōpos, humano), concepto que históricamente describía la transformación mítica de un humano en animal, como en las leyendas de hombres lobo.
En su uso actual, quienes se identifican como therians afirman:
Sentir que su identidad interna corresponde a un animal concreto.
Experimentar lo que denominan “shifts”, cambios temporales en percepción o conducta.
Formar parte de una comunidad online con experiencias similares.
Conviene diferenciar claramente:
Cosplay: representación estética o lúdica.
Fandom animal: admiración cultural.
Juego simbólico: conducta normal en la infancia y adolescencia.
Therian: identidad subjetiva persistente asociada a un animal.
No es simplemente un disfraz.
¿Existe base biológica para “ser otro animal”?
Desde la biología evolutiva la respuesta es clara: no.
Los humanos pertenecemos a la especie Homo sapiens, con un genoma específico y una estructura neurobiológica definida. Compartimos ADN con otras especies —hasta un 98 % con el chimpancé—, pero esa proximidad genética no implica intercambiabilidad identitaria.
No existe ningún mecanismo genético, fisiológico ni evolutivo que permita a una persona convertirse biológicamente en otra especie.
La identidad puede ser flexible. La biología no.
¿Qué dice la neurociencia?
Aquí el análisis es más matizado.
La identidad es una construcción cerebral compleja que integra:
Esquema corporal.
Autopercepción.
Narrativa interna.
Influencia social y cultural.
Existen fenómenos estudiados como alteraciones del esquema corporal o experiencias subjetivas intensas vinculadas a la identidad. El cerebro humano es capaz de generar percepciones internas poderosas que no necesariamente se corresponden con cambios físicos reales.
Además, la adolescencia es una etapa especialmente proclive a la exploración identitaria. La necesidad de pertenencia y diferenciación es biológicamente esperable en esta fase del desarrollo.
El papel amplificador de las redes sociales
El fenómeno therian no surge en el vacío.
Las redes sociales funcionan mediante algoritmos que refuerzan afinidades temáticas:
Un usuario visualiza contenido sobre therians.
La plataforma muestra más contenido similar.
Se genera comunidad.
Se refuerza la narrativa compartida.
El resultado es un ecosistema digital donde la identidad se valida colectivamente. No necesariamente se trata de una transformación individual, sino de una construcción social amplificada por tecnología.
¿Es peligroso?
En la mayoría de los casos, no.
Se trata de una expresión identitaria simbólica comparable a otras subculturas juveniles. Solo podría resultar problemático si:
Genera aislamiento extremo.
Sustituye completamente la identidad funcional.
Se acompaña de pérdida significativa de contacto con la realidad.
Actualmente no existe evidencia científica que catalogue el fenómeno therian como un trastorno específico.
De los hombres lobo a TikTok: una idea antigua con formato moderno
La figura humano-animal no es nueva.
Mitología griega: licántropos.
Tradiciones chamánicas: transformación espiritual.
Folclore europeo medieval: hombres lobo.
La diferencia es el contexto.
Antes era mito colectivo.
Hoy es identidad digital compartida.
Entonces, ¿moda absurda o fenómeno psicológico?
Reducirlo a “absurdo” sería simplista. Convertirlo en realidad biológica, también.
Es:
Una construcción identitaria.
Un fenómeno social amplificado por redes.
Una expresión simbólica juvenil.
Sin base biológica literal.
La ciencia es clara en un punto esencial:
Podemos sentirnos lobos.
Pero seguimos siendo Homo sapiens.
Y eso, por ahora, no lo cambia ningún algoritmo.










