(Por Moisés S. Palmero Aranda Educador Ambiental) Por suerte, ya no creemos que los eclipses sean portadores de buenos o malos augurios, pero la triada de eclipses que viviremos durante los próximos 17 meses dará mucho juego entre los augures, supersticiosos, profetas apocalípticos y los buscadores de excusas profesionales que tendrán la oportunidad de achacar a los dioses y al destino sus meteduras de pata, apuestas descabelladas, falta de planificación o su incapacidad para tomar decisiones.
No es para menos, porque lo que sucederá en España en tan corto espacio de tiempo, dos eclipses solares totales y uno anular, es un evento extraordinario, estadísticamente casi irrepetible, y nos convertirá en el epicentro mundial de la astronomía. Tanto es así que se ha creado una Comisión Interministerial para la preparación, organización y coordinación de lo relacionado con el Trío de eclipses. Lo único que les ha faltado es incorporar un equipo de astrólogos para elaborar cartas astrales «a tute plen» en los juzgados y partidos políticos.
Sin ir más lejos, el primero, el del 12 de agosto, y teniendo en cuenta que no será el más espectacular por producirse al atardecer, estar el sol muy bajo y ser de corta duración, ya está haciendo estragos. Porque si no es por la posición de los astros, no se entiende que, con medio verano por delante, España esté ardiendo por los cuatro costados, se haya declarado la emergencia nacional, se lleven más de 152.000 ha arrasadas, seis veces más que el año pasado, con 32 grandes incendios, 115.000 personas obligadas a abandonar sus casas o confinarse y tengamos que lamentar 13 fallecidos. En vez de trabajar en prevención, ordenación del territorio o gestión forestal, deberíamos invertir en algún brujo, chamán o sumo sacerdote que interceda ante los dioses.
O que Julito Martínez haya recobrado la memoria con respecto a su amigo Zapatero y el caso Plus Ultra, aunque esto puede ser más achacable a la influencia del efecto Aldama que al movimiento de traslación de la Luna. O que los argentinos quieran repetir la final del mundial porque, solo haciendo correr la pelota y con un solo dedo, apagamos el sol de su bandera. O que Trump haya vuelto a su guerra arancelaria, mientras sigue intentando robar petróleo, y creyéndose el rey del mundo jugando al Risk.
O que Juanma Moreno haya por fin cedido, entiendo que muy a pesar de Gabriel Amat, pero con su consentimiento, como no puede ser de otra manera, y la intercesión de Ramón Pacheco, a colocar en el organigrama autonómico a Paco Góngora, nombrándolo delegado de Gobierno de la Junta de Andalucía en Almería y sacándolo de la alcaldía de El Ejido. Municipio que se enfrenta a una delicada decisión para elegir sustituto ante el lío muy gordo de las próximas elecciones municipales.
Aunque esas elecciones del 23 de mayo, y las generales, probablemente de agosto, con la prioridad nacional como debate principal y marrullero, se las tendremos que achacar a la influencia del eclipse del 2 de agosto de 2027. Ese sí será espectacular, porque ocurrirá por la mañana, convirtiendo el día en la noche durante cuatro minutos en muchos lugares de España y con el deseo de que solo sea la luna la que nos impida ver el sol y no las manos levantadas de los que, en vez de observar el eclipse, le cantarán al sol con su camisa nueva.
En fin, que viendo lo que tenemos y lo que se nos viene encima, más vale tirar de ironía, buscar un sitio y una compañía adecuada para ver los eclipses y reír por no llorar.












