(Por Francisco Javier Zambrana Durán) Solo podía verse diversión. En pocas ocasiones en un festival de metal vemos niños correteando por las primeras filas, disfrutando de la música en familia; jugueteando y recordando momentos que construirán su esencia. Más de un metro de separación entre los asistentes, como si fueran tiempos pandémicos, buen ambiente y un sonido que, pese a las críticas, si uno se acercaba (no era muy complicado hacerlo), disfrutaba de lo lindo. Poco más se le puede pedir a un festival metalero. Sobran los aditivos de cervezas, de precios desmedidos y de quejas por el cartel. Es metal, está cerca de casa, ¿por qué no?
El Sun And Thunder 2026 pasará al recuerdo como los últimos coletazos de un festival que intentó ser grande y consiguió plantar en la costa de Fuengirola a grupos de un calibre más que imponente. Su despedida, con un enorme concierto de la banda Avantasia, quedará guardada en el recuerdo de todo metalero que precie el disfrutar por encima del criticar. Con un setlist deslumbrante, dando todo lo que tenía, Avantasia rompió al público e incendió a esa sociedad del cansancio de la que hablaba en su libro Byung-Chul Han. Porque no habían faltado críticas, exigencias, enfados y otras opiniones en torno a este evento. Las redes habían sido un auténtico quemadero de hectáreas y hectáreas que eclipsaban lo que verdaderamente es un festival: un negocio para traer ocio, algo completamente respetable, legal y digno.
En el momento en el que uno asume dicha premisa, todo es más sencillo. El festival torna algo opcional, que no accesible como sí lo deben ser aspectos sociales de nuestra vida. Tener la gran fortuna de disfrutar del metal sin viajar, incluso de forma gratuita sentados en la playa de Fuengirola, es uno de esos placeres de los que pocos podrían presumir. Es por ello por lo que el festival, ante el aluvión de críticas y malas palabras, ha decidido marcharse y dejar un hueco difícil de cubrir, no sin antes dar su do de pecho y representar con esmero un trabajo encomiable de cientos de personas que han hecho posible este sueño de distorsiones y baterías a doble bombo.
Seguirán corriendo los chavales por la tierra del castillo. Seguirán sonando acordes. Siempre. El metal en Málaga nunca muere.












