La nueva piel del equipo me convence bastante más que la de hace dos temporadas y espero incorporarla pronto a mi colección. La reflexión de Bokerón Perry sirven también para recordar de dónde venimos, los momentos difíciles que hemos vivido y por qué apoyar no significa renunciar a la crítica
Hay cosas en el baloncesto que admiten toda la discusión del mundo. Un fichaje, un entrenador, una rotación, aquel último tiro que quizás debería haber lanzado otro jugador… y, por supuesto, una camiseta.
El Unicaja ha hecho publica su nueva equipación para la temporada 2026/27 y esta vez tengo que reconocer que me ha gustado.
Bastante, además.
El diseño de Joma, presentado bajo el lema ‘Cada línea cuenta’, mantiene el verde y el morado como grandes protagonistas e incorpora un patrón inspirado en la espuma de las olas del Mediterráneo. Una camiseta con evidentes referencias a Málaga y a la identidad del club.
Y aquí entro directamente en terreno personal: me gusta bastante más que la de hace dos temporadas.
Como aficionado y coleccionista, el siguiente paso está claro. Estoy deseando hacerle un hueco entre las que ya guardo en casa.
En 3XL, como siempre.
Una camiseta acaba contando mucho más que una temporada
Puede parecer simplemente ropa deportiva, pero quienes llevamos muchos años siguiendo un equipo sabemos que una camiseta termina convirtiéndose en algo más.
Hay algunas que recuerdan jugadores, partidos, títulos o viajes. Otras pertenecen a temporadas que preferiríamos olvidar. Basta encontrarlas años después en un armario para que regresen inmediatamente determinados momentos.
Y quizás por eso la presentación de una nueva camiseta sea también una buena oportunidad para mirar hacia atrás.
Especialmente este año.
Katy Perry, Bokerón Perry y una reflexión que merece la pena
La aparición de Katy Perry vinculada a la presentación ha dado pie también a una reflexión de uno de esos personajes que forman parte del particular universo cajista en redes, Bokerón Perry, el 55 del baloncesto malagueño.
Su reflexión cuestionaba, en esencia, algo que también llevo algún tiempo observando: la facilidad con la que determinadas decisiones del club provocan una corriente inmediata de críticas y negatividad en las redes sociales.
Y puedo entender que haya opiniones diferentes.
Por supuesto.
Lo que quizás entiendo menos es esa sensación de que absolutamente todo tiene que ser malo antes incluso de darle tiempo a comprobar si realmente lo es.
Los que llevamos muchos años sabemos que esto nunca fue una línea recta
Quienes seguimos el baloncesto en Málaga desde hace décadas sabemos perfectamente que esta historia no ha sido una sucesión permanente de títulos y celebraciones.
En mi caso, los recuerdos se remontan a los tiempos del Caja de Ronda y, por supuesto, también al Maristas.
Baloncesto en Ciudad Jardín. Aquellas gradas. Aquellos equipos. Y nosotros allí, apoyando como uno más, mucho antes de que pudiéramos imaginar todo lo que terminaría llegando después.
Hemos vivido prácticamente de todo.
Grandes jugadores, temporadas extraordinarias, proyectos que despertaban ilusión y otros que nunca terminaron de funcionar. Victorias inolvidables y derrotas que dolieron durante días.
Y allí seguíamos.
¿Ya no recordamos la etapa del Covid?
Ni siquiera hace falta retroceder varias décadas.
Basta recordar aquellos años alrededor de la pandemia y esa etapa que muchos aficionados identificamos rápidamente como “la temporada del Covid”.
No estábamos precisamente atravesando uno de los mejores momentos deportivos de nuestra historia.
Y allí estábamos.
Seguíamos pendientes del equipo, hablando de baloncesto, esperando el siguiente partido y apoyando al Unicaja.
No porque todo se hiciera bien, sino porque era nuestro equipo también cuando las cosas salían mal.
Y eso conviene recordarlo ahora.
Porque después llegaron los cambios.
Y regresó la ilusión.
Y llegaron Ibon y compañía
Con Ibon Navarro en el banquillo y un proyecto que consiguió conectar nuevamente al equipo con la grada, comenzaron a llegar noches que muchos llevábamos años esperando.
Volvieron los títulos, los grandes partidos, los viajes, un Carpena entregado y la sensación de que Málaga volvía a ocupar un lugar protagonista entre los grandes del baloncesto.
Hemos disfrutado de una de las mejores etapas, si no la mejor, de la historia del baloncesto malagueño.
Y quienes habíamos estado muchos años antes en Ciudad Jardín, quienes habíamos vivido las épocas menos brillantes y quienes continuamos apoyando cuando las cosas no funcionaban, también estábamos allí para celebrarlo.
Quizás precisamente por eso sorprende más que, después de todo lo vivido recientemente, cualquier decisión pueda convertirse inmediatamente en una especie de catástrofe en las redes.
Apoyar no significa decir que todo está bien
Y aquí conviene dejar algo muy claro.
Ser del Unicaja no significa pensar que cada fichaje es extraordinario, cada entrenador acierta siempre, cada decisión del club es perfecta o cada camiseta es la más bonita de la historia.
Se puede criticar.
Es más, creo que el aficionado debe hacerlo cuando considera que las cosas no se están haciendo bien.
Pero existe una diferencia importante entre la crítica de quien quiere que su equipo mejore y la negatividad permanente que convierte cualquier movimiento en una oportunidad para incendiar las redes sociales.
Ahí es donde entiendo la reflexión de Bokerón Perry.
Después de tantos años quizá tengamos perspectiva suficiente para saber que un equipo no se construye en un comentario de X, que una temporada no se gana en agosto y que un jugador merece al menos pisar el parqué antes de que decidamos que no sirve.
Del Caja de Ronda y Maristas al Unicaja de hoy
Y todo esto adquiere todavía más sentido coincidiendo con una temporada especialmente vinculada a los 50 años de historia del baloncesto malagueño que desembocan en el actual Unicaja.
Para quienes llevamos mucho tiempo siguiendo este deporte, no son simplemente fotografías antiguas que aparecen en un homenaje.
Son recuerdos.
Caja de Ronda.
Maristas.
Ciudad Jardín.
El nacimiento del Unicaja.
El Carpena.
Las temporadas difíciles.
Los años del Covid.
Y después, nuevamente, los títulos y una etapa extraordinaria que nos ha permitido disfrutar como hacía mucho tiempo que no lo hacíamos.
Todo forma parte de la misma historia.
Por eso quizás una buena manera de celebrar estos 50 años sea precisamente recordar de dónde venimos.
Exigir, por supuesto.
Criticar cuando corresponda, también.
Pero disfrutar del camino tampoco debería estar prohibido.
Ahora quiero mi 3XL… y ver ya al equipo en marcha
Y después de tanta reflexión volvamos a la culpable de todo esto: la nueva camiseta.
Me gusta.
Tiene nuestros colores, tiene personalidad y visualmente me convence bastante más que algunas de sus predecesoras.
Así que ya estoy deseando incorporarla a mi colección.
Mi 3XL, como siempre.
Pero, sobre todo, lo que tengo ya son ganas de baloncesto.
Ganas de dejar atrás rumores, debates de verano, opiniones, fichajes sobre el papel y discusiones en las redes.
Estoy deseando ver ya al nuevo Unicaja en marcha, sobre el parqué, y comprobar hasta dónde puede llevarnos esta nueva etapa.
Porque después de tantos años siguiendo el baloncesto en Málaga he aprendido una cosa:
las temporadas hay que jugarlas.
Y nosotros estaremos ahí para vivirla.











